lunes, 11 de mayo de 2015

Los Pilares de la Creación



PILARES DE LA CREACIÓN

La danza de las estrellas se da entre éter y Helio ―
Se baña la luz en Furor de polvo
Entre los brazos de Urano el desterrado
           sangrantes de lava gélida
           dadora de vida apasionada,
Y entre fortísimo vacío que ahoga cada gemido
Reflejante del oro pulido por Febo-Apolo en finas grebas
           caballerezcas;
Las que adornan montes
Cuya corona es cobre y es plata,
Es el centro de la Furia la noche devorante
Que anula hasta el más sórdido chillido
Y describe las curvas su fugaz viaje
Mientras un halo recorre,
Sube su blanco fuego congelante
           invisible
           veloz que segundo a segundo
           menea el paisaje astral
Hasta la cima entre Acuario y Capricoprnio
Con la voz verdiazul
De sus filamentos estelares
Que al choque, se enredan, 
           entre el néctar de Juno
           o entre cada Seno de Andrómeda,
Discurre Orión entonces
           con aquellos labios
           de Paris,
               tan traidores
               como pasionales
Como velo de aire marino
Los Pilares de la Creación
Rompiendo el «Mare Nostrum» del firmamento 

¡Es tu cuerpo bañado en miel y plata!
Escultura en sal, por noches se funde
Hallándose aprisionado
Bajo un cinturón de fuego ambarino
           ante la vista pétrea de la aurora
           te difuminas en el tenebroso océano nocturnal
           cuyo manto nos oculta
           de Plutón y Neptuno que te cazan;
Se circundan y se desplizan...
Se desplazan en voraz colisión
Nuestros cuerpos, Andrómeda,
Sobre sábanas lejanas a la tierra
Donde uno devora al otro
Sólo para darle la vida de nuevo
Y seamos un enigma de rey viajero;
Así estalla el alma en tu cuerpo,
Te eleva fuera de ti
Y ases el oro en tus manos,
           o el plomo entre ti;
Naces para morir en Leteo al amanecer 
Y ya no estaremos en nosotros 
Pues el fondo devora la pasión 
Y hasta el cénit de los Dioses concluye;
Y tras la fusión ya no serás más que un punto obscuro en la noche de Orión y de mi.

miércoles, 6 de mayo de 2015

El viaje de Dante al sepulcro de Emilio


DANTE, VIATRIX AÆMILII
MACEDONIÆ SEPVLCRVM

Al caer la obscuridad sobre los ojos míos,
Mientras la corona de Febo-Apolo
Al manto elíseo galardona
        con oro de su abrazo o
        con el manto coral de penumbra fulgurante
        al caer la era de tinieblas
Tras su cuadriga gallarda
Se abren ante mí las rejas de Dante
Hacia los ríos que mudan bajo aquellos pies de él:
Cuando mi ser sueña que es ―
        las flameantes estelas se alzan
        en cadenas de plomo fluyente
        otrora firme y denso su oro
Una ave digna de solemne descenso
Hacia el trono y la espada
Que portó tu digno vástago, Júpiter,
Él que dominó l'estirpe de Alexandre,
De Quién Julio toma su dote y gloria;
Aquél es inalcanzable y yo
Tomo la senda miserable
A el reino que hasta a Dios tomóle tres días dejarle
E por sí Dante no podría cruzarle ―
Es camino de labor y poena
Hasta abrasarse en tus labios,
Bañarse en tu agua propia y nacarea,
Hundirse y ahogarse en búsqueda de las ínsulas
        Que custodian un mar zafirino,
Esas que lloran ambrosía en noche solitaria
Aguardando a Virgilio cantante a sus viriles armas inmortales
Cuya flama no se apaga ni por el Furor del deseo menos puro
Pues en ellos nacen los ojos
De agua caminante
Hasta morir en ríos de eterna vida de Edén;
Ello aspiro a morir so vivir contemplando.

martes, 28 de abril de 2015

El regreso a Khrasnitsa - Intro


EL REGRESO A KHRASNITSA
Intro

Pisa recio con su bota pesada y percudida. Bajo una lluvia de sulfuro que cubre la ciudad cuya luz se apagó hace ya varios años por la Gran Guerra. Entre el hedor infame a queroseno y gasóleo quemando golpea Yádeyey a la puerta cuatro veces, con la punta limosa de los cien días, haciendo comparsa a la patéticamente ya familiar sinfonía bélica de cañones y misiles contra las ciudades, más o menos, cercanas. Como perro callejero, tal cual ya vive, el mozuelo rubio sacude su cabellera larga y espesa y mojada, de jerga vieja, contra los muros nefastos de una pocilga apenas tapizada con su piel propia, cemento.

Sus cuatro Krûzhoy, camaradas, sentados junto a sus armas y latas oxidadas, ya sin carne de desprecie, le miran con gozo. Su anfitrión temporal, el igualmente huérfano Ksádialey Östilya, se incorpora de su quizá no muy cómoda posición sobre un sofá roído. Nabos, poro, sal, carne «a la Rottenstein», patatas y 4 rocas de caramelo; del nabo, sí, se adelantó a concluir tallándose Yádeyey de sus ojos ambarinos el polvo de hollín.

No es la imagen familiar más gallarda ni la que debieran remembrar las generaciones. Mas nosotros, y esos nabos, es todo lo que nos queda; ya la patria, casi tampoco – Gimotea, con cristalina lágrima en sus ojos carmín, Yúgaley, el menor de todos – qué será de nuestra Oqlênda o de tu Zheria, quisiéramos no saberlo.

Ksïgalei, hermano de Yúgaley, no acostumbrado a oírle tan franco levantó la mirada, observó a todos. Sólo tragó aire. La nostalgia devora al ambiente hogareño. Los víveres en el suelo de roca vil. El frío entrante que no logra opacar la pesadumbre da paso a los recuerdos, las memorias.
Hacía tiempo que todos dejaron sus hogares, el calor de familia alrededor de un almuerzo caliente y el can esperando por las sobras. Ahora viven de asilo en asilo. Con un ex minero de 27 años con el pelo ennmegrecido por el carbón y la pólvora. Su voz ronca aparenta esconder mil historias de cuando laboró en Dłařeyey y Efitsa.

Durante el otoño de una década atrás –recordaba Yádeyey– aún no había noción sobre una realidad negada a nosotros: la guerra y la ambición de Wilhell por apoderarse de lo nuestro; – sollozos se apoderaron de Yádeyey al comenzar – era el ocaso para nos, un grupo de niños, viajábamos por las regiones occidentales, junto al río Uraldoye, tan caudaloso como gélido, y nivoso como embrutecedor. Frente a los ojos míos se abrió el altiplano con sus villas diminutas, hastiadas con chozas y trigales y, a lo lejos, las cumbres limítrofes del norte. Allende las nevadas cimas, las coníferas y los empinados riscos, yacía Yéstgrod, la floreciente capital.

Otro bombardeo estremece los muros, Yúgaley se asoma a la ventana, al tiempo que las anécdotas de Yádeyey continúan los cazas sueltan bombas en la ciudad contigua. La tierra retumba y todos se cubren sus oídos; la Fuerza Aérea comenzó el ataque sobre su ciudad, Prokoritsa, una vez adornada con plazas de adoquín y gárgolas de cantera, fue de las primeras en ser fundada y hoy apenas puede surtir agua a sus cada vez menos habitantes. El gas escasea, entonces se turnan horas para recolectar leña y ocote.

Cabizbajos recuerdan los 6 presentes la vida que solían tener…

domingo, 5 de abril de 2015

Uno Somos en el Río


E FLVMINIBVS VNVM

Fluye el río indómito
De futuros anhelos que ya no serán
A morir en hielo eterno del glaciar
Y a descender hasta alto imperio de Plutón;
Ahí se baña desnudo el mozuelo
Bebiendo perlas y zafiros d'ensueño,
Lleva dos rosas en su cabello; y
Se hunde, se moja, se funde;
Con las manos tibias, tenues, de Neptuno
Que soban su porcelana al crepúsculo,
Besan sus labios de dios con dulzura,
Seducen sus labios a sus labios con turquesada esencia;
Posee en su trono al virgen cuerpo
Que dos rosas trae, robadas a Ceres,
       Una a quién le extirpe inocente halo de su alma,
       Otra que es alhaja de sus días en verde q'agora es oro;

Beso a beso Neptuno succiona al niño Teseo
De su aire y de su cuerpo — entelequia
El fulgor y el deseo quienes al cénit de Apolo:
Al éxtasis se entregan en un instante,
Tres centurias siente haber vivido
Entre brazos y furor de Poseidón-Neptuno;
Mas sólo el zambullido en polares aguas
             Del Mosela junto al Rhín
Comprende al salir las cármina del latino.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Con quienes el coral se funde


AD AMANTES QVIBVSCVM CORALLIA MERGVNTVR

Observa en su trono nacareo
indómito el guardián Neptuno
oculta a la Creación toda
allende las nautas regias, nobles,
       de Genserico, Hanón o Jerjes;
sean los cuerpos vacíos de ánimas que fueren estrellas,
       ornatos en la túnica infinita de Dios,
cuyas saetas caen
       convencidas
       y sonoras
al reino que ya nadie recuerda
       ―tanto que Adriano César cedióle al pulvo―;
aquél, zafiro indómito
quien cubre a el lejano vivo cementerio,
       epitafio cambiante
cuyo canto nombra a todas grebas;
ellas, almas todas, postran ante Neptuno y
de su piedad emana retrato
d'Hero y de Leandro.

Hijo segundo de Saturno
nueva vida otorga al Caído
       sea a su diestra junto al trono,
       sea dador de vida a la que se apaga
en rosado sentimiento
al reflejo amante de Leandro
cuia plegaria sordos Marte y Venus ignoraron;
fuera [asì] en sus manos de sal la fortuna æterna:
             Sus braços se alzan al bajocielo
             ―que bajo tierra se eleva―
             tal que miradas mil en joya tornan
             y los recuerdos con sal se funden
             ―se forman y se unen y se colisionan―
       Es la joya sola de los mares,
       reflejante de Aurora que a Neptuno observa.

lunes, 2 de marzo de 2015

Para un amante virginal


REQVIEM AD AMANTEM VIRGINEVM

Toma, inocente, las rosas
          que dejan aun entre los campos
              cuyos frutos dulces ya son habidos
          por otros cogidos, cogidas,
          dulces vástagos de Ceres o Aurora;
          no hay más limón
          ni olivo en el árbol,
          el oro en pan ya está y
          sin preguntarse quién le quería tal;
          ya hasta ellas, semillas de triste Plutón,
          tienen dueño invernal:
     Virgen jovenzuelo —
Collige, virgo, rosas, dum
flos novus et nova pubes

et memor esto ævum sic
properāre tuum.
Y si ni oliva ni en aceite fino queda
          –entre el molino y el puerto–
          no apresures te, toma las rosas
              el perfume
              y hierba caída
          que si alguien no mira a ellas
          ¿sea acaso Fortuna hablando a tu rostro?
          ¡Hay siempre lima en vela!
          Temer esto en cuenta 
          al orbe magno deja Ceres
          un velo de rocío nuevo
          cuya estirpe rompe hasta la roca
          y emerge en busca d'Apolo;
          no quedes ante Egeo:
          Corintio no trae nada
              ni al precioso deseo
              ni un oro en saeta en chapa.
Toma entonces las rosas
          porque nuevas son sus virtudes
          como nueva la aurora de la vda 
Collige, virgo, rosas, dum
flos novus et nova pubes

et memor esto ævum sic
properāre tuum.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Hechizo De Circe


HECHIZO DE CIRCE

Circe en indómita pose altiva de proximidad lejana,
Hechizo que de vitral carbonero se exhala,
Cubre con su carmen la trémula isba,
Deja alcohol y éter a paso de su ambrosía cítrica recogida
Y en tu manto con nive vestido
Que lleva egeos bosques por ornato
Se sublima la tristeza en colonia sulfurosa de sus manos, las álgidas;
Decae entonces el solemne encanto
Tras umbral plorando su óbolo en Holcausto;
No habrá ofrendado a Circe si hasta flema y humor no se cediera.
Sometióse hasta fulmen y tridente
Tal que de su cántico, su romance, nada muda,
Repta así, ladera arriba, clamor en pos del bajodeseo —
Ese Furor de magma que en cuerpo d'hombre no cabe
Y busca así la mirada blanca entre neblina y brisa
De quien hasta a Febo-Apolo y Júpiter los arrodilla.